Def Leppard convierte la Arena VFG en un estadio de rock con un recorrido por su historia
A las 9:40 de la noche, Def Leppard tomó el escenario de la Arena VFG con una producción de gran formato que combinó pantallas, iluminación y recursos visuales para acompañar un repertorio que recorrió distintas etapas de su trayectoria. Poco más de 12 mil personas se reunieron para reencontrarse con una de las agrupaciones británicas que ayudaron a definir el sonido del hard rock de estadio, una fórmula que continúa funcionando gracias a sus guitarras, armonías vocales y canciones reconocibles desde los primeros acordes.
El concierto comenzó con “Rejoice”, su nuevo sencillo, una elección que permitió presentar material reciente antes de enlazar con “Animal”, uno de los temas emblemáticos de Hysteria. La transición estableció el tono de una noche en la que la banda alternó novedades con composiciones que han acompañado a varias generaciones de seguidores.
Joe Elliott asumió el papel de anfitrión y mantuvo la comunicación con el público, mientras Phil Collen y Vivian Campbell se distribuyeron los momentos de guitarra. Rick Allen sostuvo la estructura rítmica desde la batería y Rick Savage aportó las líneas de bajo que forman parte esencial de la identidad musical del grupo. Sobre el escenario, los cinco músicos mostraron la coordinación de una banda que lleva décadas trabajando con un sonido pensado para grandes recintos.
Con “Let’s Get Rocked”, de Adrenalize, Elliott lanzó una pregunta a Guadalajara para saber si estaba lista para rockear. La respuesta se convirtió en un coro multitudinario que acompañó la interpretación, mientras Collen y Campbell compartían los pasajes de guitarra y recorrían el escenario con la energía característica de la agrupación.
En uno de los momentos dedicados a reconocer la relación construida con sus seguidores, Elliott recordó que la historia de Def Leppard comenzó en 1977. El cantante agradeció la asistencia y señaló que, después de 49 años de trayectoria, el esfuerzo había valido la pena para seguir disfrutando de públicos reunidos en distintas partes del mundo. La reflexión funcionó como un recordatorio del camino recorrido por una banda que ha mantenido su actividad en una industria musical en constante transformación.
Uno de los pasajes más particulares llegó con “Personal Jesus”, composición de Depeche Mode que Def Leppard llevó hacia un terreno más pesado. Las imágenes de ventanas de iglesia y los primeros planos de los músicos acompañaron una versión que conservó elementos reconocibles del original, pero los adaptó al lenguaje guitarrístico del grupo.
La recuperación de “Bringing on the Heartbreak” y “Switch 625”, ambas vinculadas con el álbum High ’n’ Dry, permitió mirar hacia los primeros años de la agrupación. La introducción de guitarras de la primera pieza y el desarrollo instrumental de la segunda ofrecieron un espacio distinto dentro del repertorio, alejado por momentos de los grandes coros para concentrarse en los detalles musicales que también contribuyeron a construir su identidad.
El recorrido continuó con “Just Like 73”, sencillo publicado en 2024 y asociado originalmente con Tom Morello, antes de regresar al universo de Hysteria con “Rocket”. La secuencia evidenció la manera en que Def Leppard incorpora material reciente sin renunciar a las canciones que han acompañado su historia durante décadas.
La interpretación de “Rock On”, original de David Essex, añadió un matiz diferente al concierto gracias a su línea de bajo y su orientación hacia el funk de los años setenta. Después, “White Lightning”, de Adrenalize, devolvió el protagonismo a las guitarras mediante una introducción atmosférica y un riff que sostuvo el desarrollo de la canción.
Def Leppard conserva una cualidad que no todas las bandas de su generación han logrado mantener: la capacidad de llevar su repertorio a un escenario de gran formato sin perder precisión ni convertir la presentación en una simple sucesión de éxitos. La ejecución, la coordinación entre sus integrantes y la atención puesta en los arreglos hicieron evidente el oficio de una agrupación que continúa defendiendo el rock de estadio.
Otro momento significativo llegó con “Slang”, canción del álbum homónimo de 1996. La pieza, vinculada con una etapa en la que el grupo exploró otros matices musicales, representó una sorpresa para quienes esperaban los temas más habituales de sus conciertos. Su inclusión dio variedad al repertorio y recordó que la discografía de Def Leppard va más allá de sus producciones más exitosas.
Durante esa parte del espectáculo, Joe Elliott dejó el escenario para acercarse al público y caminar por el ruedo de la Arena VFG, donde saludó y abrazó a algunos de sus seguidores. El gesto rompió momentáneamente la distancia habitual entre músicos y asistentes y convirtió el recorrido en una experiencia más cercana.
A continuación, “Promises”, de Euphoria, comenzó con Elliott cantando a capela antes de que se incorporaran los demás instrumentos. La interpretación destacó el trabajo vocal colectivo y las armonías que han distinguido a Def Leppard dentro del hard rock, un componente tan importante para su sonido como los riffs y los solos de guitarra.
La recta final del concierto reunió varias de las canciones más reconocidas de su catálogo. “Armageddon It” y “Love Bites” devolvieron al público a la etapa de Hysteria, mientras “Rock of Ages” y “Photograph”, ambas de Pyromania, elevaron la participación de los asistentes. Durante esta última, las pantallas proyectaron imágenes de distintas etapas de la banda, enlazando su historia visual con una canción que permanece entre las más identificables de su repertorio.
Tras retirarse del escenario, los británicos regresaron para el encore con “Two Steps Behind”, en una interpretación acústica que modificó el tono de la presentación. “When Love and Hate Collide” continuó esa línea melódica, con Campbell, Collen y Savage acompañando a Elliott en las voces. Las armonías volvieron a ocupar el centro de la interpretación, mostrando una faceta más contenida después de una noche marcada por la potencia de las guitarras.
“Hysteria” prolongó la conexión con el público mediante una producción visual inspirada en la portada del álbum, mientras Campbell y Collen compartían el protagonismo instrumental. Finalmente, “Pour Some Sugar on Me” puso el punto culminante a la presentación. La canción, convertida en uno de los himnos definitivos de Def Leppard, desató los coros y los gritos que se extendieron por la Arena VFG y sus alrededores.
La actuación dejó claro que la vigencia de Def Leppard no depende únicamente de la nostalgia. Su propuesta combina un repertorio ampliamente reconocido con una ejecución profesional y una producción diseñada para mantener la atención de miles de personas. Casi cinco décadas después de sus comienzos, la banda sigue defendiendo el formato de espectáculo que la convirtió en referente del rock internacional, con canciones que conservan su lugar en la memoria de distintas generaciones.
