A veces hay que viajar a Marte para encontrar algo diferente
Siendo completamente honesto, no tenía mucha fe en A Marte. Entre el tráiler y el póster, mi primera impresión fue que estaba frente a otra comedia romántica mexicana genérica, de esas que parecen recurrir a los mismos chistes, las mismas situaciones y el mismo tipo de humor de siempre. No esperaba demasiado y, precisamente por eso, me da gusto reconocer cuando una película consigue sorprenderme.

Dirigida por Roberto Girault, la película sigue a Isabel Concordia (Cassandra Sánchez Navarro), una famosa actriz de telenovelas que necesita escapar de la presión de la fama, y a Celestino Ruedas (José María de Tavira), un hombre excéntrico que encuentra refugio en sus propios universos imaginarios y sueña con viajar a Marte. Sus caminos se cruzan de manera inesperada, dando pie a una aventura que mezcla romance, comedia y fantasía, mientras ambos descubren que quizá necesitan alejarse de sus respectivas realidades para entender qué quieren realmente de la vida.
Lo que más me sorprendió fue cómo la película consigue encontrar su propio tono conforme avanza. Su comienzo me pareció un tanto cringy, lento y, por momentos, difícil de conectar. Hubo instantes en los que pensé que mis sospechas iniciales terminarían confirmándose. Sin embargo, a medida que conocemos mejor a los personajes y entendemos sus circunstancias, la historia comienza a funcionar de otra manera. Lo que inicialmente parecía una comedia romántica más termina convirtiéndose en una experiencia mucho más entrañable de lo que esperaba.

Y es que, detrás de su premisa peculiar, A Marte encuentra espacio para hablar de la soledad, la necesidad de escapar de aquello que nos lastima y la importancia de encontrar a alguien con quien podamos sentirnos comprendidos. Me gustó que la película intentara explorar estos temas desde una combinación de humor, fantasía y romance, sin limitarse por completo a las convenciones más habituales del género. Aunque no siempre consigue desarrollar todas sus ideas con la misma fuerza, hay una intención genuina de contar algo distinto.
En cuanto a las actuaciones, Cassandra Sánchez Navarro merece una mención especial. Su trabajo me recordó el enorme carisma que tiene como actriz y la facilidad con la que puede sostener una historia de estas características. Personalmente, me parece una de las actrices más interesantes del panorama mexicano actual, y aquí vuelve a demostrar por qué.

José María de Tavira también me sorprendió. Confieso que al principio su interpretación me generó ciertas dudas; por momentos, no terminaba de convencerme su manera de construir al personaje. Sin embargo, conforme avanza la película, su trabajo cobra sentido y terminé apreciando mucho más su propuesta. Es de esas actuaciones que agradeces haber visto completas antes de formarte una opinión definitiva.
El resto del elenco, con Jesús Zavala y David Chocarro, aporta personalidad y dinamismo a la historia. En conjunto, las actuaciones ayudan a que este universo tan particular resulte más cercano y a que la película encuentre algunos de sus momentos más divertidos y entrañables.
Ahora bien, tampoco creo que A Marte sea una película perfecta. Su arranque puede jugar en su contra y hay momentos en los que el humor no termina de aterrizar como debería. Algunas situaciones podrían estar mejor desarrolladas y la historia no siempre aprovecha todo el potencial de sus ideas. Aun así, para mí, sus aciertos terminan pesando más que sus tropiezos, especialmente porque consiguió superar unas expectativas que, debo admitirlo, estaban bastante bajas.

Y aquí es donde creo que está lo más interesante de la película. No considero que al cine mexicano le falten propuestas arriesgadas; sería injusto ignorar la diversidad de historias que se producen fuera de las fórmulas más comerciales. Sin embargo, dentro de la comedia romántica comercial, no siempre es habitual encontrar películas que intenten desviarse de los caminos conocidos. Muchas producciones optan por fórmulas probadas, algo comprensible desde una perspectiva comercial, pero que a veces termina haciendo que las historias se sientan demasiado familiares.
Por eso agradezco que A Marte intente buscar una identidad propia. No necesita reinventar la comedia romántica ni convertirse en una obra maestra para ofrecer algo que se siente diferente dentro de ese espacio. A veces basta con encontrar una premisa interesante, construir personajes peculiares y atreverse a explorar otras posibilidades para recordarnos que todavía hay maneras de sorprender al público.
Al final, terminé la película con una sensación muy distinta a la que tenía cuando comenzó. Lo que parecía una propuesta genérica acabó convirtiéndose en una de las comedias románticas que más he disfrutado este año. Y aunque reconozco sus imperfecciones, me quedo con la sorpresa, con sus actuaciones y con la intención de ofrecer algo diferente.

Ojalá hubiera más propuestas como A Marte dentro de la comedia comercial mexicana. No porque todas tengan que arriesgarse de la misma manera, sino porque se agradece encontrar películas que se atrevan a salir de la fórmula y nos recuerden que incluso una historia de amor puede tomar caminos inesperados.
A veces, las películas que menos esperamos son las que terminan conquistándonos.
Muchas gracias a Leonardo Aceves por la reseña. A Marte se encuentra disponible en salas de Cinépolis en la republica mexicana.
