OMD conquista Guadalajara con una noche de electropop, nostalgia y sintetizadores
Después de sus participaciones en festivales, Orchestral Manoeuvres in the Dark ofreció por fin su primer concierto en solitario en Guadalajara. Más de dos mil personas se reunieron en el Teatro Estudio Cavaret para celebrar el legado de una de las agrupaciones esenciales de la música electrónica británica.
El 15 de octubre, Guadalajara saldó una cuenta pendiente con OMD. La agrupación británica, fundamental para entender el desarrollo del synth pop y el electropop desde finales de los años setenta, se presentó por primera vez en solitario ante el público tapatío en el Teatro Estudio Cavaret, después de sus apariciones anteriores en festivales como Mute, en 2015, y Corona Capital, en 2019. La espera terminó con una noche en la que las secuencias electrónicas, las melodías reconocibles y una colección de canciones que han resistido el paso de las décadas encontraron respuesta entre más de dos mil asistentes.
Desde el ingreso al recinto, la disposición del escenario anticipaba una experiencia centrada en la arquitectura sonora de Orchestral Manoeuvres in the Dark. Los sintetizadores colocados a ambos lados de la parte posterior evocaban la estética de Kraftwerk, una de las grandes influencias de la banda. Paul Humphreys y Martin Cooper ocuparon sus posiciones frente a los teclados, mientras los cuatro músicos aparecieron vestidos de negro, con una imagen coordinada que remitía a la sobriedad visual de la electrónica europea.
Sin embargo, OMD no es una agrupación atrapada en una puesta en escena rígida. La presencia del baterista Stuart Kershaw añadió una dimensión orgánica al espectáculo, mientras Andy McCluskey se encargó de romper cualquier distancia con el público gracias a su personalidad espontánea, sus comentarios cotidianos y una energía física que sigue siendo parte esencial de su identidad.
A sus 68 años, McCluskey recorrió el escenario de un extremo a otro, bailando con movimientos desbordados y cantando con una intensidad que contrastaba con la precisión de las máquinas y los sintetizadores. Su manera de desenvolverse no responde a la imagen solemne que suele asociarse con algunos proyectos de música electrónica: se comporta como alguien que conversa con sus amigos en un pub, incluso cuando sus ocurrencias provocan momentos desconcertantes. Esa naturalidad, a ratos caótica, terminó por hacerlo cercano y entrañable.
La apertura con “Isotype”, tema perteneciente a una etapa más reciente de su catálogo, dejó clara la relación de OMD con la electrónica alemana que inspiró sus primeros pasos. La canción permitió establecer desde el inicio el equilibrio entre el diseño sonoro y la interpretación en directo, una fórmula que la agrupación ha desarrollado durante más de cuatro décadas sin perder su identidad.
Uno de los momentos especiales llegó con “Secrets”, una canción cuyo significado para el público mexicano tomó por sorpresa a sus propios creadores. En una entrevista concedida a Revista101, la banda había reconocido que no dimensionaba el impacto que tenía el tema en México hasta observar la reacción de los asistentes durante su participación en Corona Capital en 2011. En Guadalajara, la pieza volvió a demostrar que algunas canciones adquieren una vida propia cuando pasan de las manos de sus autores a la memoria de quienes las escuchan.
En esta ocasión, Paul Humphreys asumió la voz principal, recordando la importancia de su papel dentro del grupo. Aunque McCluskey suele ocupar el centro de la atención, Humphreys es una figura indispensable en la construcción del sonido de OMD: su sensibilidad melódica y su trabajo en los teclados han sido parte de la identidad que convirtió al dúo en una referencia del pop electrónico británico.
El repertorio también tuvo espacio para los contrastes. “Locomotion” representó uno de los pasajes menos afortunados de la velada, recordatorio de que una discografía tan extensa puede contener momentos desiguales. Pero el concierto recuperó rápidamente el rumbo con “If You Leave”, canción asociada con la película Pretty in Pink, de 1986, y una de las piezas más reconocibles del pop de aquella década.
Antes de interpretarla, McCluskey dedicó el tema a quienes alguna vez quisieron ser Molly Ringwald, protagonista de la cinta, y extendió la broma también a los hombres que hubieran deseado ocupar su lugar. El comentario provocó sonrisas y reforzó el carácter desenfadado de un cantante que no necesita construir un personaje distante para sostener la atención de miles de personas.
Otro de los aciertos de la presentación fue comprobar que OMD conserva sobre el escenario a músicos con una larga relación con su historia, en lugar de apoyarse únicamente en sus dos figuras más conocidas y acompañantes contratados para la gira. Esa continuidad se reflejó en una interpretación sólida, en la que cada integrante tuvo oportunidad de mostrar su aportación al sonido colectivo.
Paul Humphreys se adelantó al escenario para interpretar “Forever Live and Die” y “Souvenir”. Esta última encontró uno de sus momentos más destacados en la introducción de sintetizador, una secuencia delicada y reconocible que evidencia la capacidad de OMD para construir melodías memorables a partir de recursos electrónicos. Su influencia se extiende por la historia del pop europeo y puede reconocerse en la estética de distintas producciones posteriores, desde el electropop hasta el italo disco.
Por su parte, Martin Cooper mostró otra faceta de su trabajo con el saxofón durante “So in Love”, una canción que amplía la paleta sonora del grupo y demuestra que su propuesta nunca dependió exclusivamente de las máquinas. Después llegó “Sailing on the Seven Seas”, cuyo ritmo terminó por convertir al público en un coro multitudinario.
Pero si hubo un momento en el que la energía del Teatro Estudio Cavaret alcanzó otro nivel, fue con “Dreaming”. Más de dos mil personas se entregaron al baile y los saltos, mientras McCluskey continuaba moviéndose por el escenario sin reservar fuerzas. La intensidad fue tal que el cantante tuvo que tomar oxígeno antes de seguir adelante, una escena que resumió tanto su entrega como la conexión que mantiene con las canciones que interpreta.
Entre bromas y agradecimientos, el vocalista también se disculpó por haber tardado tanto en ofrecer un concierto propio en Guadalajara y prometió que la banda regresará. Para quienes habían esperado años para escuchar a OMD fuera del contexto de un festival, la frase tuvo un significado especial: la agrupación finalmente había tenido el espacio para presentar su repertorio ante un público que acudió expresamente a verla.
La noche avanzó hacia uno de los puntos culminantes con “Enola Gay”, una de las composiciones más importantes de la historia del electropop. Publicada en 1980, la canción se convirtió en un éxito internacional gracias a su melodía inmediata, el ritmo insistente y una línea de sintetizador que parece diseñada para mantener en movimiento cualquier pista de baile.
Su popularidad contrasta con el tema que aborda: el bombardeo atómico de Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial, nombrado a partir del avión utilizado en la misión. La letra presenta esa historia de forma indirecta, mientras la música avanza con una ligereza que produce una tensión particular entre el contenido y el sonido. Esa contradicción forma parte de la fuerza de una canción que, más de cuatro décadas después, conserva su capacidad para levantar al público.
OMD la interpretó como el cierre del concierto antes de abandonar momentáneamente el escenario. La respuesta fue inmediata: el público recibió el tema con la emoción que se reserva para esas canciones que parecen pertenecer a todos, incluso a quienes no vivieron su lanzamiento original.
El regreso trajo “Pandora’s Box”, sencillo de 1991 que confirmó la amplitud de una trayectoria que no se limita a los primeros años de la banda. Finalmente, los británicos eligieron “Electricity”, su sencillo debut de 1979, para despedirse de Guadalajara. La decisión tiene sentido dentro de la historia de OMD: pocas canciones resumen de manera tan directa la curiosidad sonora y el espíritu futurista que impulsaron al grupo desde sus inicios.
“Electricity” conserva la frescura de una composición que parecía adelantada a su tiempo cuando apareció. Su estructura minimalista, su melodía insistente y su energía electrónica anticiparon parte del camino que seguirían distintas agrupaciones vinculadas con la música alternativa y el synth pop, entre ellas New Order y Depeche Mode, aunque cada una desarrolló posteriormente una identidad propia.
Con esa pieza, OMD cerró una presentación en la que pasado y presente convivieron sin que la nostalgia desplazara por completo la vitalidad del espectáculo. McCluskey, Humphreys, Cooper y Kershaw se retiraron visiblemente satisfechos después de una noche que confirmó la vigencia de sus composiciones y la capacidad de su música para reunir a distintas generaciones.
La presentación en el Teatro Estudio Cavaret fue mucho más que una revisión de éxitos ochenteros. Fue el encuentro pendiente entre Guadalajara y una banda que ayudó a transformar los sintetizadores en instrumentos centrales del pop contemporáneo. Desde la influencia de Kraftwerk hasta el legado que dejó “Enola Gay”, OMD demostró que sus canciones siguen funcionando en directo porque detrás de cada secuencia electrónica existe una melodía capaz de permanecer en la memoria.
Después de años de apariciones en festivales, el público tapatío finalmente tuvo una noche completa para escuchar a Orchestral Manoeuvres in the Dark. Y cuando “Electricity” puso punto final al concierto, quedó claro que el sonido que alguna vez pareció llegar desde el futuro todavía tiene suficiente energía para hacer bailar al presente.
