Pablo Alborán, un concierto con el corazón abierto para Guadalajara

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Hay conciertos a los que se va a escuchar canciones y otros a los que se va a sanar algo. Lo que pasó el miércoles 14 de octubre en el Auditorio Telmex fue lo segundo, Pablo Alborán regresó a tierras tapatías después de tres años con KM0, un disco escrito, producido y lanzado por él mismo y que da nombre a su gira Global Tour KM0. Lo trajo como quien llega con una maleta ligera y el corazón abierto, listo para compartirlo con su publico.

El arranque del esperado concierto fue casi de película: a oscuras, las pantallas proyectaban relojes, coordenadas, montañas y oleaje, como si nos preparara a cada uno para adentrarnos en su mundo interno, con diferentes pinceladas de emoción. La respuesta llegó en forma de grito colectivo cuando sonaron los primeros acordes de “La Fama”, de ahí en adelante, el auditorio dejó de ser público y se volvió coro.

Lo más valioso de la noche no estuvo en el despliegue técnico, sino en la cercanía;  Alborán no cantó para Guadalajara, cantó con Guadalajara. Hizo un censo emocional de la sala: quiénes llegaban felices, quiénes cargaban una pérdida, quiénes buscaban enamorarse e invitó a gente del público a acompañarlo al escenario. A cada grupo le regaló una canción. Para los que llegaban con el alma rota hubo “Perdóname” y “Saturno”, acompañadas de un mar de linternas encendidas. Para los que querían bailar estuvo el aire fresco de “Vámonos de aquí”, donde el malagueño coquetea con movimientos que no le conocíamos.

El nudo en la garganta llegó con “Planta 7”. El cantante la dedicó a quienes trabajan en hospitales e hizo un llamado a donar médula ósea. Después invitó al escenario a familias que han librado batallas contra el cáncer.

México también tuvo su homenaje. Pablo se atrevió a interpretar “Me dediqué a perderte” y bromeó con quedarse en Jalisco a cantar rancheras de desamor, aunque Monterrey lo esperaba al día siguiente y por supuesto que quiso acompañar el momento ranchero con un «chupito». También soltó un deseo que más de uno ya imagina: un dueto con Alejandro Fernández.

Fueron cerca de dos horas y más de veinticinco temas. El final con “Solamente tú” y “Si quisieras” sonó a promesa cumplida. Antes de irse, adelantó una sorpresa, que prepara un álbum sinfónico con lo mejor de sus quince años de carrera.

El final que el publico no esperaba que llegara jamás, sucedió, despidiendo a Pablo Alborán ya con la voz gastada pero con una certeza: a veces volver al kilómetro cero no es retroceder, es recordar por qué empezamos a caminar.

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