Oasis: Don’t Look Back In Anger, el perdón de los hermanos Gallagher
Oasis: Don’t Look Back in Anger es una mirada a uno de esos reencuentros que, honestamente, parecía que nunca iban a suceder. Después de que Noel y Liam Gallagher convirtieran durante años su relación de hermanos en una especie de deporte —peleas, insultos, conciertos caóticos y una cantidad absurda de rencores—, Oasis terminó separándose en 2009. Pasaron 16 años antes de que ambos volvieran siquiera a dirigirse la palabra.

Y lo interesante del documental es que no intenta vendernos una reconciliación perfecta de Hollywood. Al contrario: desde los primeros ensayos se siente esa tensión de “¿estos cabrones realmente van a poder trabajar juntos?”. Mucha gente, entre ellos yo, pensaba que podrían enojarse a media gira y terminar cancelando. La relación entre ambos no se arregla de un día para otro; poco a poco, la música vuelve a funcionar como ese lenguaje que ambos conocen perfectamente, incluso cuando hablar entre ellos parece mucho más complicado. Pero hay algo fundamental que nadie contempló: ambos crecieron, literalmente. Ya no son aquellos adolescentes prodigiosos que conquistaron Inglaterra y el mundo; son señores ya grandes que tienen vidas construidas, con un matrimonio, con hijos y que saben que hay cosas más importantes que si alguien orinó en un estéreo hace años. Eso pesa mucho más en este momento.
Porque al final, Oasis siempre fue eso: dos hermanos que podían estar a punto de matarse y, cinco minutos después, crear algunas de las canciones más importantes del britpop. Y algo fundamental es que los problemas surgían porque tenían un ego enorme, pero ese ego venía de que se sabían talentosos. Sin embargo, ambos se tenían mucho respeto en sus respectivos campos; cada uno sabía que su hermano era el mejor en lo que hacía y estaban muy conscientes de su actitud.

El documental avanza bastante bien entre entrevistas, ensayos, momentos detrás de cámaras y presentaciones de la gira de reunión. Pero probablemente lo más bonito está en ver cómo la historia deja de pertenecer únicamente a Noel y Liam y empieza a pertenecer también a la gente que creció con esas canciones. Hay testimonios de fans que dejan claro que Oasis no solamente hizo música: acompañó momentos importantes de sus vidas, y para muchos el regreso de la banda significó algo mucho más grande que volver a escuchar Wonderwall en un estadio.
Y ahí es donde creo que el documental encuentra su verdadero corazón. No se trata solamente de que dos hermanos hayan decidido volver a tocar juntos. Se trata de todo lo que tuvo que pasar para que eso fuera posible. Después de tantos años de decirse prácticamente de todo, resulta extraño y hasta conmovedor verlos compartir escenario otra vez. Ver la incomodidad de Noel cuando, en el primer concierto, Liam lo toma de la mano y la levanta, y al final se convierte en un abrazo y un beso, es increíble. Como, a pesar de que hay cosas que no le gustan uno del otro, saben anteponerse a ello.
Porque más allá de Oasis, Don’t Look Back in Anger termina hablando de algo mucho más universal: de lo difícil que es perdonar, dejar atrás el orgullo, del peso que tienen los recuerdos y de cómo algunas cosas que creemos perdidas pueden encontrar una segunda oportunidad. No perdonar es muy pesado y debemos encontrar la manera de dejar eso atrás.

Quizá por eso el título termina siendo tan apropiado. Después de tantos años de mirar hacia atrás con enojo, los Gallagher finalmente parecen haber encontrado una manera de mirar hacia adelante: en sus fans, en sus canciones, en sus hijos conociendo a sus primos y tíos por primera vez y en sus propios hermanos.
Así que es increíble. Podría ser una propia película y, con ese soundtrack, sin duda sería legendario. Me despido citando al hombre con más aura de finales de los 90, el que inspiró la concepción popular de lo que es ser un rockstar:
“Perdona y perdónate, no seas un idiota. Pero si vas a ser un idiota, sé un idiota divertido.”
Liam Gallagher

Gracias a Hugo Ulises Sanchez por la realización de la reseña.
