El universo de Runway vuelve a la pantalla: así nació el esperado regreso de “El Diablo Viste a la Moda”
Dos décadas después de convertirse en una de las películas más influyentes de la cultura pop contemporánea, The Devil Wears Prada regresa a los cines con una secuela que vuelve a reunir a sus protagonistas originales y revive el sofisticado universo editorial de la revista ficticia Runway. The Devil Wears Prada 2 ya se encuentra disponible en salas y marca el reencuentro entre Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci en los papeles que definieron parte de sus trayectorias cinematográficas.
La nueva entrega retoma la historia veinte años después de los acontecimientos de la primera película, trasladando nuevamente a la audiencia al mundo de la moda, el periodismo y las tensiones profesionales que rodean a Runway. En esta ocasión, Andy Sachs regresa al entorno editorial bajo el mando de Miranda Priestly, personaje que vuelve a colocarse en el centro de una industria completamente distinta a la de mediados de los años 2000.
El director David Frankel, responsable también de la película original, explicó que el contexto actual de los medios impresos fue determinante para desarrollar la secuela. El declive progresivo de las revistas físicas y la transformación del periodismo de moda sirvieron como punto de partida para construir una nueva narrativa alrededor de Miranda Priestly y del futuro de su imperio editorial.
La película explora cómo los personajes enfrentan un escenario profesional marcado por cambios estructurales dentro de la industria. Mientras Miranda intenta mantener vigente el poder de Runway en medio de una crisis del papel impreso, Andy Sachs aparece ahora como una mujer adulta que debe confrontar las decisiones tomadas a lo largo de su vida y carrera.
Uno de los elementos fundamentales para concretar el proyecto fue el regreso de Meryl Streep. Tanto Frankel como la guionista Aline Brosh McKenna coincidieron en que la secuela no habría sido posible sin la participación de la actriz. El proyecto comenzó a tomar forma después de varios encuentros entre Streep, Hathaway y los creativos originales de la cinta, lo que abrió la puerta a nuevas conversaciones sobre el destino de Miranda Priestly dos décadas después.
Según Brosh McKenna, el desarrollo del guion se construyó alrededor del concepto de cambio, tanto a nivel profesional como emocional. La historia sitúa a Miranda, Andy, Emily y Nigel en una etapa completamente distinta de sus vidas, obligándolos a adaptarse a nuevas dinámicas laborales, relaciones personales y transformaciones culturales dentro de un entorno mediático dominado ahora por plataformas digitales y nuevas formas de consumo.
El regreso de Emily Blunt como Emily Charlton y Stanley Tucci como Nigel también representa uno de los puntos centrales de la producción, recuperando personajes que se convirtieron en referentes inmediatos dentro de la cultura cinematográfica y de la moda desde el estreno original en 2006.
A lo largo de los años, The Devil Wears Prada mantuvo una presencia constante entre nuevas generaciones gracias a retransmisiones televisivas, plataformas digitales y redes sociales, consolidándose como una obra de referencia sobre el mundo editorial y la moda contemporánea. Frases, escenas y vestuarios de la película permanecieron vigentes dentro de la conversación cultural, convirtiendo a Miranda Priestly en uno de los personajes más reconocibles del cine moderno.
La nueva producción también amplía el peso visual de la franquicia mediante un despliegue de vestuario y diseño estético que acompaña el regreso de Runway. Como parte del lanzamiento global, se presentó además un lookbook oficial que recopila los atuendos utilizados durante la gira promocional de la película y que refuerza la estrecha relación entre la saga y la industria de la moda.
Con The Devil Wears Prada 2, la franquicia vuelve a colocar en pantalla temas ligados al poder, la transformación profesional y las exigencias de una industria que ha cambiado radicalmente en veinte años, recuperando a personajes que continúan ocupando un lugar importante dentro de la memoria colectiva del cine contemporáneo.
