Guillermo del Toro alza la voz y defiende el arte como acto de resistencia
“Cuando te dicen que el arte no importa, es el primer síntoma del fascismo”, advirtió el cineasta mexicano
Guillermo del Toro no suele hablar a la ligera. Cada vez que toma la palabra, lo hace desde la convicción, la memoria y la herida abierta de quien entiende el arte como una forma de supervivencia. Esta vez, el director mexicano utilizó un escenario de prestigio internacional para lanzar uno de los mensajes más contundentes de su carrera: despreciar el arte es el primer paso hacia la deshumanización.
Durante su reconocimiento en los Variety’s 10 Directors to Watch and Creative Impact Awards, celebrados en el marco del Palm Springs International Film Festival, Del Toro fue homenajeado por su trabajo en Frankenstein, su ambiciosa adaptación para Netflix. Sin embargo, lejos de limitarse a agradecer el premio, decidió convertir su discurso en una defensa frontal de la creatividad.
“No les crean cuando les digan que el arte no importa”
Ante una audiencia repleta de cineastas emergentes, Del Toro fue directo:
“Cuando la gente les dice que el arte no es importante, eso siempre es un preludio al fascismo”.
La frase no fue retórica ni decorativa. El director la sostuvo con una reflexión profunda sobre el peligro de vivir en un mundo que simplifica, descarta y reduce todo aquello que nos hace más humanos.
Para Del Toro, la desvalorización del arte no es inocente. Es un síntoma. Un aviso temprano de sociedades que comienzan a despreciar la empatía, la imaginación y la complejidad emocional.
“Cuando te dicen que una aplicación puede hacer arte, pregúntate: si no importa, ¿por qué lo quieren tanto?”, cuestionó, dejando claro que detrás de ese discurso hay un interés por controlar, homogeneizar y vaciar de sentido la experiencia humana.
El cineasta fue reconocido por su versión de Frankenstein, estrenada en octubre de 2025 y protagonizada por Jacob Elordi, Oscar Isaac y Mia Goth. Pero su conexión con esta historia viene de mucho antes.
Del Toro recordó la primera vez que vio Frankenstein (1931), dirigida por James Whale, describiendo la experiencia como “religiosa”. No se trató solo de una película, sino de una revelación.
Para él, los monstruos no son figuras de terror, son metáforas. Son los excluidos, los incomprendidos, los marginados. Son la forma más honesta de hablar sobre el miedo, la violencia, la soledad y la diferencia.
“Hay momentos en los que el mundo se vuelve tan complicado que solo puede explicarse a través del poder de los monstruos. Estamos viviendo un tiempo así”.
Con esa frase, Del Toro volvió a conectar su obra con la realidad: el cine fantástico no es evasión, es interpretación.
El arte como antídoto contra la deshumanización
En su discurso, el director insistió en que el arte no es un lujo, es una necesidad. No es un adorno cultural, es un mecanismo de defensa.
Según Del Toro, cada vez que una sociedad empieza a burlarse del arte, a reducirlo a “contenido” o a delegarlo a máquinas, está renunciando a su capacidad de sentir.
Y eso, históricamente, ha tenido consecuencias.
“Porque hay un interés en degradar todo lo que nos hace un poco mejores, un poco más humanos”, explicó.
Ambición, fracaso y el valor de arriesgar
Del Toro también habló sobre la ambición creativa y la inevitabilidad del fracaso. Para él, pensar en grande implica aceptar el riesgo. No hay creación sin posibilidad de caída.
“La ambición incluye el fracaso. Están uno al lado del otro. No hay números en la puerta. Vas a golpearla y puede ser la supermodelo de tus sueños o tu mamá con ruleros”.
Con su característico humor, el director resumió una verdad incómoda: el arte no ofrece garantías, pero sí sentido. Y eso, en tiempos de inmediatez y algoritmos, es casi un acto revolucionario.
