Spamalot, comedia de grandes ligas en Guadalajara
Guadalajara disfrutó de una obra de comedia musical que no tiene desperdicio: Spamalot, una obra basada en el humor de una compañía británica —los maestros de la comedia en Inglaterra: Monty Python— con una adaptación a lo mexicano por parte de los genios Mascabrothers, logrando de esta puesta en escena una garantía de diversión.
La obra basada en la historia del Rey Arturo y los Caballeros de la mesa redonda en la búsqueda del Santo Grial, cuenta con un súper elenco de artistas, donde cada uno garantiza las risas por sí mismo, todos juntos se vuelven una explosión.
Adrián Uribe (Rey Arturo), Germán Ortega (Patsy, escudero del rey), Adal Ramones (Sir Denis Galahad), Omar Chaparro (Sir Robin), Freddy Ortega (Sir Bedevere, el Caballero Negro), Susana Sabaleta (La Dama del Lago), Faisy (Lancelot), Ricardo Fastlicht (soldado francés, criatura del bosque) y Ricardo Margaleff (narrador, “casi muerto”, juglar, soldado francés y príncipe Herbert), conforman el divertido elenco.
El nombre de Spamalot es una mezcla entre «Spam»—un tipo de jamón enlatado inglés— y «Camelot». Por lo que los actores cuentan el chiste acerca de que los creadores no les permitieron cambiar el nombre, porque aquí hubiera sido «Camotelot».
La producción es excelente, con 22 bailarines en escena, pantallas inmersivas y escenografías que transportan a la audiencia entre un bosque y otros escenarios, hasta un castillo… o Las Vegas.
Los vestuarios son espectaculares. En la escena de los franceses, además de los soldados medievales, aparecen mosqueteros, un mimo, bailarinas de can-can… incluso la voz de Eugenio Derbez se escucha como Dios hablándole a Arturo, mientras en las pantallas solo se ven sus pies descalzos como un gigante de caricatura. Y aunque prácticamente todos cantan y bailan, sobresale la espectacular voz de Susana Sabaleta.
Pero los que se roban la obra son los Ricardos: Fastlicht y Margaleff, con sus grandes actuaciones. Fastlicht como el soldado francés que impide el paso a los ingleses —aunque utiliza un lenguaje subido de tono y en doble sentido, lo hace de manera muy cómica—, también interpreta a una criatura del bosque caminando en zancos. Margaleff, por su parte, interpreta a varios personajes, entre ellos un príncipe con alma de princesa, cantando en tonos altísimos y haciendo reír a un auditorio lleno.
Otro personaje debía llegar volando, pero a manera de broma contaron que Protección Civil no lo permitió. También improvisaron con mucho ingenio sobre una falla en el aire acondicionado, lanzando varios chistes al respecto, como el que hacía mucho frío en el bosque pero que con el calor ni se sentía. Esas ocurrencias se ganaron los aplausos del público.
El musical nos lleva a seguir al Rey Arturo en su intento por montar la obra en Broadway —aunque en ese tiempo no existía—, y descubren que lo que necesitan es un judío que los patrocine.
Al final, el Rey Arturo encuentra la felicidad y se casa con la Dama del Lago. En un giro inesperado, Lancelot, quien acudía a rescatar a una princesa encerrada, descubre que en realidad es el príncipe Herbert. Se da cuenta de que también es homosexual y se casan. Sir Robin, por su parte, se va a perseguir su sueño de triunfar en Broadway.
